Estación en "Si una noche de invierno"

Estás leyendo el último microrrelato de Carlos de la Fé titulado Si una noche de invierno —o de verano ¿acaso importa para este cuento? ¿a poco es esencial para tu vida?. Seguir leyendo …

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Neuman en el Geneve (en El viajero del siglo)

Ha pasado casi un año (4 de agosto de 2009, Hotel Geneve, DF) y no parece que no haya pasado nada más que tiempo. Digamos que esto es algo parecido a una reseña de un libro aunque no sea más que una excusa para recordar un espacio y un momento determinados.

Mis congratulaciones al narrador que, ahora me entero, recibió otro premio por el libro aquí mencionado. Hay gente pa tó, que diría alguien.

“El futuro nos espera en el siglo XIX”

Aunque parezca una pedantería, a pesar de la posible belleza de un oxímoron más o menos conseguido, sólo espero que se convierta en otra predicción fallida y que nunca se convierta en realidad.

Creo recordar que la presentadora del acto habló de que el premio, presidido —otra vez— por Luis Goytisolo (lean sus libros más que sea como experimento científico para comprobar que la literatura no tiene nada que ver con la genética. Alá sea con Juan) destacó el estilo decimonónico del autor pero escrito en el siglo XXI. No lo sé, estoy ahora mismo asistiendo a una “lectura dramatizada” por el mismo autor y una actriz que de la que sólo sé que está muy buena y sabe lo que hace, ella, claro. Pero no debo ser tan desagradecido: al menos la representación me anima a no leer la novela, definitivamente. Seguir leyendo …

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San Ramón Nonato (en Que se te haga la boca chicharrón)

(Extracto)

El último cigarrillo del último paquete comprado con el último centavo que le quedaba del último cheque que pudo cobrar y, ahora, la última frase de su última novela.

Llevaba casi un año encerrado en aquel cuchitril al que —por respeto— llamaba casa delante de los pocos amigos que aún le devolvían el saludo. La vida está llena de paradojas y puede resultar irónica, sobre todo cuando comes más a menudo que el perro de un hippie; pero si el sabor de las sopas Maruchan te es tan familiar como las cucarachas que te dan las buenas noches al traspasar el umbral de tu sweet home, empiezas a dejar de verle el lado cómico [...]

® Pendiente de Edición

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Puente de los Suspiro. Barranco, Lima

(Extracto)

Negrita ven, préndeme la vela,
pa quemar esa vela,
pa quemar el alcatraz
El alcatraz

A Rox por ser quien es fue, quien es y quien a veces no es y aparece.
A Jose Luis por hacer que la realidad parezca un cuento.
A Sebas por ser tan bacán.


Hay algunas personas que cuando conocemos un poco más de cerca lo mejor es no darles nunca la espalda. Lo mismo pasa con ciertas ciudades. Cualquiera que tenga o haya tenido tranvía posee un encanto especial que la envuelve como una niebla que no se diluye con el tiempo. Y si además tiene mar se hace especialmente irresistible. Por eso una ciudad que perdió su tranvía y que vive de espaldas al mar está condenada a los infiernos del olvido más merecido, ese lugar donde los amantes ardidos mandan los primeros besos y los últimos orgasmos.

Lima es como una mujer que no se deja conocer por pudor, por culpa o gracias a una educación entre putas disfrazadas de monjas en barrios hoy día decadentes que fueron perdiendo el encalado de sus muros, la mísera herencia que pudo rescatar de la oligarquía del virreinato. Vive de espaldas a un mar que lleva la hipocresía en su nombre y convierte hasta la caricia más púdica en una exaltación húmeda de la lubricidad.

El guachimán que estaba esa noche se había levantado medio chino por culpa de la huasca [...]

® Pendiente de Edición

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Mi amor no ha sido tan tremendo,
ni tan alto, ni tan bello, ni tan triste, ni tan sabio
ni tan solo, ni tan loco, ni tan todo, ni tan nada,
pero canta…
Mujer sin sombrero. Silvio

Quisiera ser capaz de escribir, digamos un poema en el que cada estrofa respetase las estructuras exactas de la osamenta que te mantiene; donde cada verso contuviese la misma cantidad de sílabas que pecas, grietas y arrugas colonizadas en nombre de nadie cuando exploro tu piel; en el que cada palabra fuese justa, imprescindible o necesaria, como los pasos de tus pies que, de cuando vez, se dirigen hacia lugares en los que no hemos quedado para coincidir.

El simple hecho de intentar expresarme con estos antiguos métodos de cobarde no es más que una forma de mostrar mis debilidades. Sabemos disfrazar nuestros defectos bajo una profunda capa de maquillaje que disimule las ojeras de la vida con sonetos, cuentos, novelas: linda unión de adjetivos inútiles sobre sustantivos vacíos.

La tristeza de reconocerme incapaz de besar se refleja en cada texto. La imposibilidad de llegar más allá de un curiosa metáfora cuando, tal vez, sería todo tan fácil como descolgar un teléfono (a quién se le ocurrió ahorcarlo), tocar a una puerta, tomar un avión u otro tequila más.

Sueños alternativos, libros recién publicados en ediciones de lujo para esconder niños con ancestrales miedos, a la oscuridad, a la soledad, al amor. Presentaciones en academias rodeados de mentes preclaras que vomitan vocablos perfectamente articulados, estructurados, inútiles. Reuniones de fantasmas licenciados —incluso doctorados— en mentiras que comparten el vino blanco y los canapés pero se niegan el pan y la sal de la vida.

Vivir otras vidas te permite jugar con realidades ajenas que sólo te afectan en sueños. Te imaginas a salvo mientras haces uso de la excusa que te dan los otros espectros que ni siquiera se sienten capaces de crear sus propias fantasías y dedican parte de sus noches a dejarse llevar por mentiras inventadas por entes con nombres sonoros. Masas encefálicas mezcladas con sangre, letras, días perdidos buscando explicaciones en páginas violentamente violadas por muertos vivientes, fecundadas con semen yermo.

Tal vez te encuentre en la próxima combinación de grafías, en una imagen evocadora, en alguna prosopopeya que resucite la carne, que inocule savia nueva en esta sangre avejentada que necesita mestizarse para crear otra especie cuando menos distinta.

Tú y yo conocemos el método, el mecanismo y nos sobran los motivos, así que éste es un momento tan bueno como cualquier otro para el punto y final, aunque también sabemos que lo mejor será el epílogo o la postdata.

Mientras tanto aprovecho el índice para encontrar tu rastro y señalarte la punta de la nariz. Ahora  puedes mirarme. Ahora puedo  por fin.

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