Prem-editadas copias de inseguridad
Nov 21
2009

Mi amor no ha sido tan tremendo,
ni tan alto, ni tan bello, ni tan triste, ni tan sabio
ni tan solo, ni tan loco, ni tan todo, ni tan nada,
pero canta…
Mujer sin sombrero. Silvio
Quisiera ser capaz de escribir, digamos un poema en el que cada estrofa respetase las estructuras exactas de la osamenta que te mantiene; donde cada verso contuviese la misma cantidad de sílabas que pecas, grietas y arrugas colonizadas en nombre de nadie cuando exploro tu piel; en el que cada palabra fuese justa, imprescindible o necesaria, como los pasos de tus pies que, de cuando vez, se dirigen hacia lugares en los que no hemos quedado para coincidir.
El simple hecho de intentar expresarme con estos antiguos métodos de cobarde no es más que una forma de mostrar mis debilidades. Sabemos disfrazar nuestros defectos bajo una profunda capa de maquillaje que disimule las ojeras de la vida con sonetos, cuentos, novelas: linda unión de adjetivos inútiles sobre sustantivos vacíos.
La tristeza de reconocerme incapaz de besar se refleja en cada texto. La imposibilidad de llegar más allá de un curiosa metáfora cuando, tal vez, sería todo tan fácil como descolgar un teléfono (a quién se le ocurrió ahorcarlo), tocar a una puerta, tomar un avión u otro tequila más.
Sueños alternativos, libros recién publicados en ediciones de lujo para esconder niños con ancestrales miedos, a la oscuridad, a la soledad, al amor. Presentaciones en academias rodeados de mentes preclaras que vomitan vocablos perfectamente articulados, estructurados, inútiles. Reuniones de fantasmas licenciados —incluso doctorados— en mentiras que comparten el vino blanco y los canapés pero se niegan el pan y la sal de la vida.
Vivir otras vidas te permite jugar con realidades ajenas que sólo te afectan en sueños. Te imaginas a salvo mientras haces uso de la excusa que te dan los otros espectros que ni siquiera se sienten capaces de crear sus propias fantasías y dedican parte de sus noches a dejarse llevar por mentiras inventadas por entes con nombres sonoros. Masas encefálicas mezcladas con sangre, letras, días perdidos buscando explicaciones en páginas violentamente violadas por muertos vivientes, fecundadas con semen yermo.
Tal vez te encuentre en la próxima combinación de grafías, en una imagen evocadora, en alguna prosopopeya que resucite la carne, que inocule savia nueva en esta sangre avejentada que necesita mestizarse para crear otra especie cuando menos distinta.
Tú y yo conocemos el método, el mecanismo y nos sobran los motivos, así que éste es un momento tan bueno como cualquier otro para el punto y final, aunque también sabemos que lo mejor será el epílogo o la postdata.
Mientras tanto aprovecho el índice para encontrar tu rastro y señalarte la punta de la nariz. Ahora puedes mirarme. Ahora puedo por fin.
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