Requiem por tu fantasma

Flaca
Para Aly & Andy, gracias: las amo y con permiso de mi Flaca, ídem)
¿Me seguirás amando el día que ya no me quieras?

Hasta mi fantasma te hará el amor, descarada, desencarnadamente, como aquella primera vez y continuaremos nuestro concierto de huesos, la sinfonía de sabores, el dueto de nuestros sexos, el trío de mi lengua entre tus labios, el cuarteto de mis ojos clavaditos en tus pezones, el sonido, el roce, el rumor de nuestras pieles y tu voz.

La primera vez… quién lo iba a decir. Aquella cosa flaca que meneaba las caderas por las calles con una premeditación y alevosía que se confirmaron en nocturnidad. Aquellos zapatos rosados que te rozaban los talones y amaba y odiaba a la vez, por permitirme disfrutar de mi deseo y no respetar el comienzo del paraíso.

Usted no podía entender aquellas palabras locas que yo el soltaba en cada esquina cuando por fin tuve el valor de acercarme a ese cuerpo que ocupaba mis noches de adolescente enamorado: “Espérame en el cielo”, “Te seguiré amando aún en el día…” o cosas por el estilo, boleros y tangos y melodías y poemas que memorizaba en mi recámara para soltártelas a bocajarro por las calles, en la escuela donde eras la princesita, la reina, mi diosa.

Si alguna vez necesité excusas para declararme poeta nuestro amor me colmó de ellas. Todavía recuerdo aquel almuerzo en tu casa: habíamos decido, no sé por qué, que la pedida de tu mano fuera en verano. Usted estaba en la hamaca del jardín. Jamás olvidaré tu cuerpo mojado de calor y ganas, tu mirada preguntona, tu carita de niña y tu padre mirándome como si fuera un minotauro o un insecto: ¿Poeta?

Nos valió. Como dos desheredados de patrimonios familiares y afectos feudales nos instalamos en la casa que te vio crecer, la de tu tía abuela que te crío con el mismo amor que yo quería demostrarte cada mañana, cuando te llevaba mis textos recién paridos y tus ojitos somnolientos me miraban con esa confianza, con ese creo en vos, con ese todo está bien.

Y aquí me tienes todavía, porque me tienes, como siempre, esperando que vengas a la cama, con el sueño medio agarrado, con la pupila insomne y el párpado cerrado, sabiendo que tú ya estás durmiendo con el párpado abierto, como mis labios.

Sólo hay una cosa que no puedo soportar y es casi peor que la certeza de que esta noche tu pecho candente no se acoplará a mi espalda, y es quedarme con esta duda de si no te dije lo suficiente todo lo que te amo y que sólo tuvo que pasar una vida para decir: Sí, quiero. Espérame en el cielo.

Tags: ,