Eternamente, tu mano
feb 3
2010
To louca pra te ver chegar
To louca pra te ter nas mãos
Deitar no teu abraço, retomar o pedaço
Que falta no meu coração.
Fico Assim Sem Você
Recuerdo que nunca me pediste que te escribiera nada, ni una carta, ni un poema ni nada que se le pareciera. Ahora sé que sabías que todo lo que salía de mí contenía la esencia de nosotros.
No cambio ni un momento de mi vida, ni siquiera aquellos en los que lloraba premeditadamente o te amaba segundo tras segundo, de lunar a lunar, de pezón a pezón, de oca a oca y tiro porque, además e incluso ya no te toca.
Pero era tan lindo pararse de nuestra cama después de haber tenido tu mirada fija en la mía y mi lengua en tus labios. Tan lindo, tan irrazonable llegarme hasta el salón y escribir a la luz del cigarrillo tantas cosas que hoy carecen de sentido.
Nunca —perdóname hoy los adverbios temporales, pero llueve, hace frío y no me estás abrazando— podré describir con estúpidas palabras lo que sentía en esos momentos. Tú que masticabas las palabras que subían de tu vientre y eras capaz de ordenarlas de forma tal que, al salir por tu boca, con ese gesto en que tus labios se apretaban y la lengua tocaba los dientes como si nada, me dijeran exactamente lo que ya sabía.
Tu miedo, sí cariño mío, a usar el verbo amar en cualquier idioma hizo que más de una vez tuviera que tragarme las ganas aderezadas con tantito vinagre. El calor de la cocina de la que me expulsabas severamente y me impedía tocar justo ahí dónde ya sabes, esta noche hace que la cena no sepa igual.
Y ahora no sé qué hacer con esto. Las promesas que me hice las evaporaste una a una, y por eso gracias; las que no te pude hacer morirán, y por eso perdón. Pero ni te doy ni te pido. No te di lo que pediste ni me pediste nada de lo que te di. Ni las gracias, ni el amor, ni aquella noche ni esta.
La cosa está en que sé perfectamente lo que estás haciendo ahora. Conozco la cadencia de tus caderas al caminar descalza de la cama a la cocina, de la cama al salón, de y sobre y bajo la cama. Y tus buenos días, y tus abrazos de buenas noches. Tu boca, tus lágrimas, tu sexo, ese lunar, tus sueños, tú.
¿Y tú? No sé ni para qué pregunto. Ya lo sé, de la misma manera en que comprendo que ya no me crees, que ya no hay sombras ni ganas. Irónicamente soy el mismo, pero hace frío y no estás. Yo volveré a dormir y a vivir desnudo y no, créeme, no estás. Te busco entre las sábanas y en brisa nocturna que jamás se atrevió a pasar entre nuestros cuerpos y aún así me sigo negando a que tus nombres se alejen de mi boca y mi deseo.
Vendrá la muerte y tendrá tu rostro igual que un día llegó la vida fue sospechosamente parecida a ti.
Tags: Al final de este viaje, Amor, Blogrelato









2 comentarios