Reprobado en amor

Bésame
Oigo
constelaciones: existes
Eres.
Me basta.
Ángel González. Me basta así.

Pos vente nomás.

¿Recuerdas todo aquello que te dije una vez, todo ese montón de palabras que parecerían pura literatura? Si fuera buena, si dijera algo más o mejor que todo esto que te digo y que sé que sabes pero vaya uno a saber

Hasta que no quieras admitir que tus pies forman parte de mi locura o que son el único mecanismo de mantenerme a flote,  no sabrás, no querré admitir esta dulce y bien merecida derrota.

No me mire así, con esos dos ojos, con esa mirada que los multiplica negramente, por decir algo que no sea delito. Pero, si se empeña, si persiste le propongo este juego nocturno y premeditado: usted me mira y yo me vuelvo tantito más loco, y hago como que no se me nota y especulo (discúlpeme las nalgadas, pero es que hay palabras que)

Cuando digo mi amor es tan solo una estúpida e incoherente metáfora de ti. Cuando te persigo por los pasillos de la casa, con tus pasitos de pájaro que quiere volar pero no porque no hay jaulas, porque sabemos que las cadenas están hechas para romperse a menos que estén hechas de lazos invisibles que no atan, que sólo unen. Y sobre todo porque detestamos los pájaros sobre el alambre, siempre dispuestos a mirar, criticar, dejarse morir limpiando sus alas de parásitos y familiares.

Pero cuando te digo de hacer el amor, ahí la cosa cambia, y vaya que cambia. En eso y en el queso los franceses saben perfectamente lo que dicen, porque el amor se puede, se debe hacer. No hay reglas fijas ni formatos predeterminados, que lo más difícil lo hemos alcanzado cuando ya creíamos en los imposibles, hasta que la monotonía apareció el día menos pensado con el regalo de tus ojos, y dos o tres palabras y más imposibles contra los que luchamos, y te trajo, y me atrajo.

Llega, está llegando, está a puntito de llegar. ¿Acaso no lo ves? ¿Acaso tengo que decírtelo? Estás, eres, me basta, aunque nunca llegue a ser un ángel, aunque nunca haya pretendido ser más que un ángel del demonio que te convida a pasear por los infiernos dantesca e irreverentemente.

Toma mi mano (¿ya le dije que adoro su mano? ¿Que la envidio? ¿qué celo cada objeto que toca hasta sin querer queriendo?), no la sueltes. Sabes que siempre la busco, que ahora que por fin la encontré no se me ocurre soltarla. La verdad es que no sé el motivo exacto que me lleva a genuflexionar mi lengua ante tu dedo meñique. Esas venas que me indican el camino directo a tu corazón podría ser una excusa válida, pero lo cierto es que me pierdo en cualquier pliegue de tu sonrisa, de esa mirada, a media luz de velas cuando nos desvelamos  una noche sí y otra también.

Tus sonrisas verticales, tus dos, tres, cuatro ojos perfectamente alineados que me pervierten: yo, que soy tan bueno, tan santo, tan cabrón. Un algo parecido a mí que nació sabiendo que en cada orgasmo nacen hijos, gatos, cristales de colores, drogas ancestrales: Tu pecho izquierdo, tu sonrisa de medio lado, la parte interior de tu muslo y esa postura que no quiero recordar ahorita porque si no… y darte lo que necesitas justo en el momento exacto en que necesito dártelo: ahora, sin ir más lejos, pero más, mucho más adentro.

Voy a probar este juego una vez más. Sabes que quiero que sea la última. No más cruces ni oraciones. Nada de miedos esta vez. Esta vida no tendría sentido si no lo apostamos todo a perder para ganar tantito. Y esto que pudiera parecer tan poco (porque no te conocen) a mí, hoy, y mañana, me basta.

Entonces, ¿cómo le hacemos?

Safe Creative #1008267157177

  • Share/Bookmark

Tags: ,