El capítulo exacto
dic 3
2009

Abrir tus nalgas como quien abre la biblia por el capítulo exacto en que Onán es obligado a yacer con la viuda de su hermano.
Borrar el pasado con un solo gesto, de un manotazo, de un lametón, a fuerza de caricias y orgasmos.
Creer como acto de fe en la constelación aleatoria de las marcas genéticas a lo largo de tu espalda.
Detener el tiempo ante los ojos pasmados del mundo por arte de birlibirloque, usando el truco de mirarla fijamente, de mimarla ultimadamente.
Escribir cualquier necedad que se acerque tantito, que describa un tantito cualquier instante de la noche pasada, que pronostique alguna otra noche más.
Fecundar su cuerpo como tierra fértil; tener hijos, gatos, perros, pelos, poros, pies, piernas, y un solo peso de un solo cuerpo.
Gemir por miedo a no encontrar las palabras que se aproximen a una definición siquiera lejana de un aroma, de algún sabor.
Huir precipitadamente de la cotidianidad absurda, de la excusa que sabemos necesaria para estar, pero no para permanecer vivos.
Ignorar los avisos del gobierno, de la escuela, de la casa y de esos seres que pululan alrededor haciéndose llamar familiares; despedirlos amablemente.
Jugar a encontrarnos mientras nos perdemos bajo las cobijas, tan lejos en esa isla en la que a veces se convierte tu cuerpo por descubrir.
K + kiers k t diga?
Lamer, sin duda, sin tregua, sin parar, sin perder un solo instante el objetivo húmedo y salado, curioso, circular, erectil.
Movernos al ritmo que nos impongamos a cada rato, dependiendo en exclusividad del momento, nunca de planes programados.
Navegar y naufragar una y otra vez, como si ya no hubiera dibujado mapas estelares y corrientes y vientos que surcan tus talones, sus pies.
Ñam…
Omitir errores, aprender de ellos, repetirlos si fuera necesario pero con premeditación y alevosía y sonrisas.
Prever la locura vespertinamente a sabiendas de que por la mañana, al abrir mis ojos, los suyos estarán ahí expectantes, dispuestos.
Querer y querer querer y querer y querer querer y querer y querer querer y así sub y obsesivamente.
Razonar que esto es de locos y que por eso no hay nada que razonar; que nunca perdimos la esperanza de volvernos locos de verdad.
Ser ligeramente normal, a ratos, delante de toda esa gente que nos mira sin comprender, y nosotros sin ganas de explicar.
Tocar sus pezones como si fueran la rueda numerada de la caja fuerte que abre la puerta acorazada que protege su corazón.
Urdir un plan, posponer todo lo urgente, fijarnos en lo importante, en lo que nos importa, en el nos y prescindir de los otros.
Vencer, por una vez, todos los obstáculos inútiles que no conlleven a estar tal y como queremos, como siempre.
XoXos.
Y casi no queda nada por añadir, o tanto, tanto para sazonar en lugar de razonar. Nada de explicaciones sin besos. Trato.
Zapatos? Qué hace todavía con ellos puestos? Ándele…
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