AmásBe = Ámame

Marzischewski

Es mentira, la verdad. Todas estas costumbres no son más que vanas excusas, premeditadas, alevosas, estúpidas manías con las que ir sumando o restando días a esta cosa que suelo llamar vida mientras llegas.

Por eso me hartan las personas, esas entelequias con aspecto normal que pululan a nuestro alrededor y te cuentan, y te hablan, y te lloran y te. Pero lo que no puedo soportar, los más peores son esos que te preguntan como si tuvieras alguna respuesta. Y claro que siempre se me ocurre alguna frase ingeniosa, de esas que no resuelven nada pero que tienen apariencia de aforismo, de sabia sabiduría sabelotodo. Entiendo que la posible virtud radique en decir las cosas como son o como las veo. En seguir empeñándome en llamar a las cosas —y sobre todo a las personas y sus actos y sus consecuencias— por su nombre.

Todo es mentira, la verdad, todo menos la necesidad compartida, los tragos de última hora en el último bar de la última ciudad en la que quisiéramos estar pero estamos.

Todo, todito todo menos aquellas noches y estos días insípidos, inodoros e incoloros; estos días sin matices, estas noches sin perfume, esta vida sin saberte, sápida.

Compartiría gustosamente mi Gillette de segunda mano con cada quien y que cada cual se arme sus motivos. Nadie necesita explicaciones más allá de sus propias mentiras. Nadie es tan tonto o tan hijo de puta como parece o como se empeña en demostrar a los demás.

No me pidas razones para vivir, no me exijas pretextos para morir. Aquí me tienes, allí estuvimos y no hay más, apenas nada más que todos los momentos compartidos; justo esos instantes que no podremos borrar por más experimentos científicamente comprobados que nos justifiquen cual ecuaciones.

No existe logaritmo que explique esto que siento porque no uso métodos para amarte.

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