San Ángel Inn

San Angel

Para ser mi cuñado,
para ser mi cuñado se necesita
que me bese tu hermana,
que me bese tu hermana en la boquita
allárriba, allárriba…

En este cuento prescindiremos de las descripciones o, para ser más estrictos y verosímiles —adjetivo que en literatura es casi un antónimo de La Verdad—, usaremos los mínimos imprescindibles.

La localización temporal podrá imaginarla el astuto lector sacando deducciones del título. Sobre la temporal baste decir que es sábado aunque un domingo cualquiera tampoco sería inconcebible. Por decirlo claramente (nótese lo apropiado de este adjetivo en el contexto interno del cuento, en eso que llaman la trama): un día idóneo para aprovechar el sol como excusa para tomar algo frío (chela, tequila, clericot…)

Para bailar la bamba se necesita un poco de gracia, pero ¿qué tanto es tantito? Los adverbios de cantidad, a veces, no deben ser aplicados literalmente si el que acompaña la tonada es un güero de un áspero y gélido país del norte. En casos así, para bailar la bamba o simplemente corearla haga falta un algo más que un poco de gracia, o ser latino nomás.

No me malinterpreten. Como imagen típica de una zona turística puede resultar cuando menos pintoresco ver a un tipo con pinta de camarón adobado en axiote intentando llevar el ritmo con sus palmas, a destiempo pero contento.

Incluso, si se quiere, como prueba del intercambio cultural y de la globalización pero, más allá de lo divertido resulta patético. Cuando el camarón llegue a su remota ciudad de nieves perpetuas habrá creído conocer un país porque compró un cuadro en un tianguis, probó el picante y danzó como un mono desvergonzado antes sus propios hijos.

En cualquier caso, bienvenidos sean. Para nosotros ustedes son los raros de verdad, nuestra principal fuente de divisas y risas.

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