Ojalá
Sep 22
2009
Foto: Daniel Robles
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Nunca pensé que alguna vez fuera a tenerle algo así como miedo a ciertas palabras. Por eso las historias que empiezan con las tópicas y terminan con las típicas nunca me han llamado especialmente la atención.
Par ser sinceros debo admitir que aún hoy día dudo que ninguna de ellas sirva realmente para algo, aunque también sé que hay momentos en que se nos hacen imprescindibles, a pesar de lo difícil que muchas veces resulta encontrar la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Sin embargo vivo por y para ellas. Tienen sabores y perfumes únicos. Sus combinaciones permiten cerrar los ojos por momentos y evocar imágenes, sensaciones, hasta sudores. Son el auxilio de los amantes en pleno éxtasis, incluso en esos momentos en los que están de sobra, y otras parecen emanar directamente de una mirada.
Pensamos con ellas y fueron las responsables, mis aliadas cuando trataba de expresarte de alguna manera todo lo que quise decirte.
Me sigue extrañando verlas por ahí dispersas y que a un lado aparezca mi nombre y yo sólo vea el tuyo. Y más raro se me hace cuando, con el paso del tiempo y dos o tres lecturas obligadas por el oficio y la melancolía se deciden a volver, a quedarse, incluso a reclamarme con sus metáforas, y me amenazan con el abandono definitivo.
Quizá ahí radique su magia, pero las paradojas me siguen pareciendo una sonrisa cruel del destino. Todavía no me explico cómo las mismas palabras, hasta las mismísimas frases, fonema por fonema pueden ser usadas para devolvernos la vida o matarnos definitivamente.
Pero también por eso son mi refugio, mi calmante y me aferro a ellas cuando vislumbro el terrífico abismo que se abre bajo mis pies desde que cambiaste el ojalá por el más nunca.
Tags: Al final de este viaje, Silvio








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