Imagino tu sexo con mi lengua. Dibujo mi lengua con trazos rítmicos al compás de mis palabras. Si pudiera dibujarte con palabras, tu sexo sería la definición exacta de una frase hecha a imagen y semejanza de nuestra imaginación, si me permites usar el plural.

Prende el radio, llama a la patrulla, agárrame la mano y ven. Mis excusas necesitan razones más verosímiles que esta locura, estas ansias, esta costumbre que parece hereditaria como una enfermedad que permite la procreación.

Harto de las mentiras del espejo (seguro que sabes cuanto ansío su presencia y cuánto anhelo la luz de la luna, aunque el brillo de esa otra luz a través de la ventana… aunque deteste los puntos suspensivos y te pierdas entre mis paréntesis) me dedico a reflejarme en tu piel. Tus ojos por las mañanas son el pretexto para vestirte durante un rato y alimentar mi orgullo por las calles de la ciudad. Me conviertes irremediablemente en hombre y me despiertas con un buenos días de café y aromaterapianoseteocurradejardeabrazarme. Y que chinguen mucho a su madre la programación neurolinguística, la lectura de manos a cuatro pesos y mis caras de persona normal.

Tenemos suficiente con(vivir) como para pensar en lo que no estamos viviendo, y nos siento como en esas películas clásicas, las buenas, las de antes, en las que (paréntesis, guión, beso?) en las que el beso era el inevitable, ansiado y previsible final, o el principio de lo que sólo nos dejaban intuir.

Ahora no necesito permiso para vivir, ni tengo que, ni debo, sino sumar, firmar un pacto definitivo con los números que me asedian, me acosan agazapados en cada encrucijada que decido, quiero, estoy tomando.

Obvio decir lo que ya sabes y vuelvo al plural, a las conjunciones futuras, a las conjugaciones en presente de indicativo, nada de in-condicionales, nada de condiciones, fuera adverbios acabado en mente, pasen los adjetivos empezado con cuerpo, internos, inter-nos.

Pero no, ya sabes que no puedo quedarme quieto, ni parado, por más que me pare, por más que venga, anda, sí? De un momento a otro esto va a empezar (perdón, a continuar) a derivar en desayuno con plática, en jugo de fruta madura, dulce, saborizada con saliva, salado, ligeramente picoso, con ese inconfundible sabor a ti.

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Cuando Lolita despertó, Julio, Tito, Juan José y René (desde acá) le daban la bienvenida al mundo de los imperecederos. Nosotros, desde aquí también, las gracias mirando un cielo repleto de nubes con forma de dinosaurio

A Lolita Koch, In Memorian.


Sin duda mis dioses tienen patas, y muchos de ellos, desde hace  tiempo y por culpa del “gran” Tito, patotas de dinosaurio.  Años antes de que leyera esa famosa novela de Monterroso, Dolores Koch se empeñó en estudiar este tipo de texto que el tiempo (y otros estudiosos) se ha encargado de darle forma de género, hasta el punto de convertirse en una moda para nada pasajera.

Con más de un mes de retraso me entero de que Lolita decidió emprender su viaje de no retorno a este mundo que a veces pesa tanto. No me gustan las despedidas, pero no puedo dejar de pensar en sus seres queridos que tanto la echaran de menos, ni en ella que, seguramente, supo disfrutar de esta vida.

Me revientan las necrológicas y prefiero dar las gracias, simplemente. Sirvan estas letras para dar a conocer un poco más la labor investigadora e instigadora de esta mujer que fue pionera en el estudio del Microrrelato; autora imprescindible para todo aquel que quiera adentrarse en este género al que casi nunca le faltan palabras, las que me sobran a mí para decir Gracias.

Sorprendido gratamente por un cúmulo de coincidencias agradables desde mi llegada a la ciudad del surrealismo vivo, me choca encontrarme con esta noticia.  Me queda la pequeña alegría de releer cada uno de sus textos, y de poder encontrarlo a la mano. No hay de otra.

Gracias, Maestra.

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