© "Gabba de la Fé"

(Extracto)

Asegúrese de tener a mano un niño rubio —no olvide los tirabuzones— con cara de angelito. Tampoco es imprescindible que el patronimio coincida exactamente, pero queda gracioso.

Úsese, a modo de laboratorio, el patio de la casa de la abuela, aquel en el que pasamos nuestra -creemos recordar- feliz infancia; ése mismo escenario en el que deseamos educar a nuestros vástagos y ver corretear a nuestros nietos, si aún nos sobra alguno después del experimento [...]

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DeFectuoso

(Extracto)

Vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo todos manoseaos.
Cambalache. E. S. Discépolos.

La verdad es que vivimos un tanto apretados, casi igual que como solemos morir; pero según me cuenta mamá, ha sido así por generaciones, desde siempre. Aunque esas cosas que, creo, llaman adverbios temporales o algo así, no tienen mucho significado para nosotros.

Y como éramos pocos, parió la abuela, otra vez, y la familia está creciendo tan aprisa que acabarán por descubrirnos. Incluso papá tuvo que ir a trabajar cuando aún no había oscurecido, como un valiente, a pesar de que se nos califique de escurridizos [...]

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Gracias en "Te lo agradezco"

El amor no se muere, el amor se mata, se asesina y, a veces, se suicida sin razón. Lo vamos exterminando de a poquito, a cachos, a ratos, a veces, tantito.

Pero no cuesta casi nada, a pesar de lo que dicen. Es tan fácil como arrancarse el corazón, esa parte de nuestra cabeza en la que, realmente, está nuestro corazón. Y olvidar la palabra, sin más. Seguir leyendo …

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El hombre, con los brazos abiertos delante de la puerta, le obstaculiza el paso. Ella no pudo evitar una sonrisa, pese a todo.

−Pareces un Cristo.

−No te vas.

−Volveré en unos días.

−¿Está aquí de nuevo, verdad?

−¿Para qué lo preguntas?

-No te vayas.

−Déjame salir.

−¿Esto va a durar toda la vida?

−No lo sé.

El hombre se apartó, cruzó junto a ella evitando rozarla, se sirvió un trago y se hundió en un sillón, derramándose encima la bebida, mientras la puerta se cerraba. Se levantó de inmediato, fue hasta la ventana: sólo entonces se dio cuenta de que llovía.

−Se va a mojar− dijo, en voz muy baja.

Julio Miranda

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