A-maría…

Juliet when we made love you used to cry
You said I love you like the stars above Ill love you till I die
Theres a place for us you know the movie song
When you gonna realise it was just that the time was wrong juliet ?
Romeo & Juliett. Dire Straits

Si alguna vez me hicieras prisionero, buscaría desesperadamente una lima para romper las esposas (la primera, la segunda, el procurador, el abogado…) y liberar mis manos y romper a conciencia la Convención de Ginebra y denunciar al primer ignorante malfollao con una Cruz Roja en el pecho. No quiero pan, no quiero agua, quiero copas de sudor, correas de sabor y una celda de olor y desesperación y que me encierres y te tragues la llave y no se lo digas a nadie, ni siquiera a mí.

Si alguna vez me quisieras, me querrías. Te contaría verdades como versos para excitarte y te besaría con palabras para serenarte. Si alguna vez me quisieras tal vez te querría a pesar de adorarte.

Si alguna vez veo una luz, al final del túnel, espero que seas tú marcando el camino del dormitorio o de tu corazón y no la maldita bruja vestida de negro, la cobarde que sólo se atrevió a amarme con la guadaña en la mano. Para esas noches, pienso prepararte mi cocktail especial hecho de sangre, hielo picado y tropezones de corazón. Sólo para ti.

Si alguna vez encuentras a alguien que esté tan loco como yo, o encuentro a alguien, como tú, que piense de verdad que estoy un poquito cuerdo abriré esa botella especial que aún no he comprado, ese vino discreto que caliente el espíritu a la par que el cuerpo, y lo beberemos sobre el cáliz de la curva de tu espalda. De aperitivo: tus pezones.

Si alguna vez amaneces en mi cama te llevaré el café frío y la boca caliente, el cigarro apagado y la pasión encendida, los ojos abiertos, toditos, y la puerta cerrada, las venas cosidas con punto de cruz y mi cruz a punto de ser cocida.

Si alguna vez me bailas descalza ya sabes que no podré dejar de cantarte al oído y me tendrás y me retendrás porque habrás entrado en uno de mis más ansiados deseos, en mi lujuria más amorosa, en el erotismo más impuro del corazón, la pornografía más ingenua de los sentidos.

Si alguna vez hubiera alguna vez, renegaría de ti ante un altar público diciendo “Sí Quiero” y te insultaría en privado susurrándote “Te Amo”.

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Te Amo.

Este mensaje se autodestruirá en Diez segundos…

Nueve (o siglos)

Ocho (planes quinquenales)

Siete (decenios)

Seis (suspiros)

Cinco (abrazos)

Cuatro (besos)

Tres (piel sobre piel)

Dos (pies descalzos)

Uno (más uno igual…)

Cero (Big Bang: forma pseudo-científica de decir orgasmo, alfa y omega, todo y nada, tu y yo…)

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Despierto en una erótica caricia
y sin amanecer me estoy quemando.
El sueño se hace a mano y sin permiso,
arando el porvenir con viejos bueyes.
Mañana volverá con nuevo impacto
el sol que me evapora y me da prisa.
Llover sobre mojado. Silvio

Respirar miradas, saborear palabras, susurros, oler besos. El único sentimiento capaz de transmutar el plomo que contiene una mentira en la cantidad necesaria de verdad, en los gramos exactos de vida…

No, amor, no está lloviendo en esta maravillosa ciudad, en esta magnífica puta sin el más mínimo atisbo de arrepentimiento ni sensación de culpa.

No, vida, ni siquiera son lágrimas empapadas de distancias canallas; sabes, comprendes que no son nada más y nada menos que miles de besos vaporizados, camuflajeados en forma de gotas que te humedecen lenta, suave, descaradamente cada uno de los imprescindibles poros de tu piel.

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Quien no lo sepa ya
lo aprenderá de prisa:
la vida no para,
no espera, no avisa.
Inoportuna. Jorge Drexler

Al final va a ser verdad que lo más imprtante es la comunicación, y quien no lo sepa ya… Con las canas y los cuernos aprendí a decir, más tarde que nunca, Te Amo, Gracias o Disculpa.

Aunque no lo parezca, hace tiempo que rompí en mil pedazos el cuadro que Dorian usaba como reflejo del alma y decidí envejecer al ritmo de los abominables espejos que multiplican y deforman y conforman eso que llamamos realidad.

Y a pesar de que soy más de letras que de números no dejan de impresionarme los ceros, y cuando he visto más de cinco seguidos eran casi siempre de color rojo y estaban en el debe. Por eso, al mirar algo más abajo de estas páginas o lo que sea que son y comprobar, por una vez, que esos de ahí estan en el haber, creo que algo debo de “haber” hecho (en otra vida?) algo para ameritarlo.

Y, a todas estas… ya dije gracias? Pues gracias a las respuestas, a la comunicación y a ese verbo tan inexplicable, a veces imposible y siempre deseable que es compartir, ahora vuelvo a poner en el debe cada una de las visitas y los cafés compartidos, virtual o físicamente.

Por ahí quedan retazos de respuestas a comentarios… una forma, como otra cualquiera, de repetirme y no cansarme de decir Gracias… Ves como no era tan difícil?!

  • Cuando ya no importe… tal vez tomemos una copa de cualquier brebaje ambarino.
  • Y que alguna vez sea capaz de comprender tus respuestas cuando yo entienda mis preguntas
  • Y que dios y su puta madre repartan suerte: Gracias porque si: Dos puntos
  • En cuanto a lo de si una botella de vino nos arma de valor o de cobardía, depende del momento o de la segunda botella.
  • Así que los amigos que me soportan se lo tienen merecido por ser tan buena gente. Estaban advertidos.
  • Por eso yo siempre prefiero el vino: no tomo fruta a no ser que sea un ingrediente obligatorio de un cocktail.
  • Si te das cuenta, resulta que, primero, muchas veces, nos dedicamos a definir el amor (en vez de hacerlo más, no?) y casi siempre terminamos haciéndolo con un sustantivo acompañado del “compartido”. Y es que a lo mejor es así. Básicamente se trata de eso, de compartir… soledades, egoísmos, virtudes y defectos.
  • Pero, que quieres que diga, no estoy por compartir más que algún que otro texto, alguna que otra cerveza y determinado fluidos esenciales, incluyendo la sangre.
  • La paradoja es que, hoy por hoy, daría la vida por estar vivo, y quisiera cultivar mariposas y no tener que ir probando cualquier cosa comestible, bebible, “vaya, amable“, para comprobar su efectividad como matarratas.
  • Mi yo está aquí dentro, sin polvo de alas que llevarse a… Como si no supiera diferenciar a Campanilla de Wendy. Pero, esas cosas de los mayores, ya sabes, que prefieren vivir en una cómoda mentira, un triste pesadilla antes que arriesgarse por un sueño… No saben que no hacen falta alas para alzar el vuelo.
  • Hay días que me levanto pensando que esto no es más que una broma. Estoy deseando agarrar al payaso: no le va a hacer falta ponerse nariz de goma.
  • Todo me suena. Lo que escribo me parece ya escrito. Lo que leo creo haberlo leído. Lo que vivo es un puto dejà vu constante. El Rey Midas de la mierda… estoy aprendiendo a morir con dignidad, aunque parezca, dé la sensación, a veces, de que estoy intentando vivir.
  • Siempre he detestado sobrevivir, pero hoy por hoy me escudo en la cobardía para no pensar en todos los motivos que tengo para morir y en los pocos para seguir aquí jodiendo a los demás.
  • Pero, falta poco, muy poco… cada vez menos. El otro día hablaba con alguien sobre “la vida eterna”… Sólo sé que si existe la reencarnación y tuviera, por ejemplo, siete vidas, como dicen que tienen los gatos, las otras seis las hubiera aprovechado para suicidarme.
  • Y quien llama puede ser el matrimonio, los juramentos, las verdades eternas, las mentiras cotidianas, un corazón estrangulado huyendo de las manos pegajosas de la razón, de los que siempre creen, quieren y deciden tener razón, los demás, nosotros, ellos…
  • La cosa es que todo el mundo se cree con derecho a tocar directamente cuando ve una puerta cerrada, y cuando la ven abierta, huyen.
  • Cuanto más larga es la espera más crece el ansia; por eso imaginamos la distancia. Imagina un beso… Esto lo escribió alguien hace mucho tiempo cuando aún creía que las Ipótesis eran leyes Hirrefutable.
  • De eso se trata, justo, precisa, exacta, únicamente de eso. Lo bueno de las perras negras es que me acompañan. Lo imposible de las broncíneas es que existen. Benditas. Malditas.
  • Elige el sabor. Te dejo hasta que imagines la distancia. Pero nunca, nunca y siempre dejes de recordar que “yo andaba buscando la muerte“. Ordénale al mesero tantita sal chilada… El mezcal lo llevo en la sangre; la mezcla en el sudor. Introducción: Post Data.
  • Quién necesita palabras cuando no son capaces de explicar, cuando ni siquiera nos hacen falta para vivir y, para qué si tenemos todo lo que nadie sabe, lo único, lo necesario… si -os
  • Y si no basta será cuestión de “ponerse en la piel” del otro con el único propósito de “compartir”, lo que tenemos y lo por venir, los pasados que nos hicieron llegar y el presente incondicional pluscuamperfecto del infinitivo del verbo… ummm, qué tal “amar”?
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We’re after the same rainbow’s end
Waitin’ ’round the bend …
Moon River

¿A qué saben las cosas que no huelen a nada?

¿A qué huelen las cosas que no saben a nada?

“No se puede leer una cosa así sin llevar los labios pintados”. Y mucho menos escribir cosas que puedan leerse sin zapatos de tacón, con la promesa de unos pies descalzos, inquietos y con la certeza de un arco iris a la vuelta de la esquina.

Tal vez sea cierto (alguien lo duda?) que soy como ese gato y que no pertenecemos a nadie a pesar de que sea la única (?) forma de conseguir la verdadera felicidad, y eso debe ser porque existe alguna otra que no es real o tan sólo inventada, y estoy cansado de decirte que ya estás en una jaula, tu misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando conitgo misma.

Y no, no y no…  este desayuno no tiene nada que ver contigo. La llave de tu celda nunca la guardé yo, tu pijama de rayas no era de mi talla y en tu viaje al más allá olvidaste el boleto de vuelta.

Es mío, es mi jaula, mi mundo, mi vida y sólo cuento con llevarte el café a la cama y disculpa que esta vez, otra vez y punto y basta, deje de pluralizar y esta segunda persona del singular no te erice la piel.

Verdad que me entientes?  Cómo? Que no me entiendes? Y acaso te soprende, acaso crees que me sorprendo yo? Punto y aparte.

No todas las despedidas son tristes, sólo los hubiera o hubiese, y de los condicionales ni hablemos.

Pero volviendo al tema que no he  mentado más que de soslayo, sé que Audrey tenía unos pies perfectos y unas gafas negras efecto de la “arrancadilla” de anoche.

Salú, y que me perdonen los muertos de mi felicidad.

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