Matando musas
Jun 30
2009
Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo.
Me importa un pito. Oliverio Girondo
Cómo te cuento, cómo empiezo a contarte. Que pagaría, mataría, me convertiría y sería hasta bueno con tal de verte caminar y me quedaría corto, pero no me cortaría. Claro que, tengo una excusa, perfecta, o dos: lo llevo en los genes y conoces todos mis (enumeremos, adjetivemos) vicios, deseos, obsesiones, neuras, secretos, aficiones…
Te tengo dicho que no me hables así. Cuándo vas a empezar a comportarte como un adulto. Para esto tanta educación, los colegios, la familia, los amigos (la sociedad, dios y su santísmia —pinche— madre y); ya va siendo hora de que.
Como ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a, mi paraíso. Átame, por nuestro bien y por el de cualquiera que pudiera estar leyendo estoy y, al no tener ni la más remota idea (como yo) de sobre qué estoy escribiendo, empezará (again?¡) a vomitar las absurdas, tópicas preguntas manidas como por qué y/o para quién.
Así no te van a tomar en serio nunca. Siempre estás con la misma historia. Tú crees que la gente no se cansa de oírte repetir la misma cantinela palabra tras palabra. Bueno, allá tú. No me gustaría tener que decirte (ya, seguro que no) que ya te lo dije.
Sabes que esas cosas me resbalan, que las opiniones externas me parecen respetables pero. Que los halagos me halagan pero. Que lo que realmente necesito son tan sólo dos o tres miradas y poco más. Qué sí, que lo entiendo, que no consigo entenderme y que me mata de risa que los demás me hablen como si me hubieran parido. Que lo único que me importa es saberte ahí, sin preguntas, sin respuestas, sin ropa, desnuda por dentro y por fuera y, sí claro, como no, descalza y.
De verdad, llega un momento en que me das pena. No entiendes que todo esto que te digo es por tu bien. Un día te acordarás de todo esto y me lo agradecerás, aunque ya no esté. Yo, al menos, me habré ido con la conciencia tranquila. Me dirás gracias y.
No sé si este deseo tenga algo de malo o de eso que los demás (quién chingados) llaman pecado, pero sí tengo claro que no le pongo nombres a mi amor, y menos a lo nuestro —aunque es artículo sin sexo, neutro me duela más—, a esto (y dale) que se construye, que queremos construir de una vez y por todas de a poquito, en serio y no en serie, sin dejar que esta vez sea la vida la que dé vueltas a nuestros mundos y convertirnos en tripulantes de nuestro propio barco y poder atracar en tantos muelles como queramos.
Y si hay algo que detesto, y lo sabes, es cuando te pones en plan poeta. No te das cuenta de lo ridículo que te ves. Pero si ni siquiera te gusta la poesía. Es que no hay quien te entienda. Si sigues en ese plan van a creer que estas. No sé, tú verás, ya sabes que yo siempre.
Podría decirte tantas cosas que, de momento, me tengo que conformar con escribirlas para hacértelas llegar lo más cerca de tus sentidos, con lo fácil que sería tener preparada la mesa, ventilada la casa, tendida la cama, quitada la ropa, abiertos los labios, cerrados los ojos; tu mano en mi cara y las mías en donde han de estar, o tantito más arriba, o más abajo, o más adentro o.
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