La Revolución Vs. La Belleza
Mar 2
2010

Unos dan necesidad
y otros regalan las palabras
veremos que dura más.
Mujer sin sombrero. Silvio
Mira: me tienes ahí, aquí estoy. Lo demás pueden ser horas sin besarnos, kilómetros sin tocarnos o miedo a vivir y punto y basta.
Te desnudo con la imaginación y las ganas pero sabes que lo que más deseo es vestirte, acompañarte, que estés tranquila y, egoístamente, que sólo encuentres la paz en, sobre, bajo, dentro de mí, y tu guerra. Nuestros combates diarios por la vida, nuestras muertes chiquitas, pequeñas, apenas.
Te descuido tantito mientras me pierdo, como siempre, como casi siempre en mis vidas futuras, planeando estrategias que tal vez o seguramente o quién sabe no nos lleven a nada, ni tan lejos ni tan cerca de lo que queríamos. La vida se ocupará de ponernos en nuestro lugar; de la muerte ni te cuento.
Mientras tanto, mientras duermes me dedico a desaprenedernos para que al día siguiente creas que me ves por vez primera, y sorprenderte. Es la única razón que se me ocurre para que caperucita quiera seguir atravesando el frío y oscuro camino de la noche y la vida para llegar a ser cotidiana y metódicamente devorada por su lobo.
Que me persigan los cazadores, me vale; sé que ellos fueron los malos del cuento porque lo leí en otro de mi hermano y tiene más credibilidad que aquellos sádicos y pervertido Perrault o Disney & another Bros.
No necesito del mañana para soñar: para ilusionarme me bastan tus despertares. Del pasado ni hablemos: mejor me lo cuentas y ya, te creo y te quiero. Debiera bastar con eso, y si no basta, debiéramos ser sentenciados a vivir cualquier vida ajena.
Tal vez sea el momento de tomar decisiones porque hoy es tan buen día como otro cualquiera. ¿Te atreves? Te propongo que no pongamos fechas, que prescindamos del tiempo como cada noche, que nos confundamos, nos fundemos o nos confesemos tal y como yo suelo hacer con cada parte de ti ¿recuerdas?
Te propongo que sepas, sin que necesite más explicaciones o gestos, que comprendas que todas estas —y las malditas y sagradas que vendrán— palabras no son más que la única manera de expresarme, nada más, nada más. Debería encontrar otra forma de describir esos momentos en los que te necesito, y en los que no. Algo tan fácil de sentir y tan difícil de decir cómo domingo por la tarde, cobija, sueño, hambre, lluvia, amor.
Si algún día dejo de quererte sin duda te seguiré amando. Tal vez te odie tiernamente. Te daré las gracias, te maldeciré y seguiré viviendo como si todo esto, como si algo de esto tuviera algún sentido. Lo escribiré, me temo, y te llegará, lo leerás o lo imaginarás, pero Te, y con eso es casi suficiente.
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